N°8
publicación mensual
mayo 2006

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CELIA NÁJERA RODRÍGUEZ

Por: Mercedes Aquino

Celia no nació en Catorce y no recuerda cuántos años tenía cuando llegó. Sabe que era niña y la trajeron sus padres adoptivos Anastacio Nájera y Nasotera Rodríguez. Cuando era muy pequeña tuvo un problema de salud, poliomielitis y quedó lisiada irremediablemente. Sin embargo ha sabido lucharle a la vida y ello se manifiesta en la personalidad abierta y en la sonrisa que le ilumina el rostro. Cuando llegué a visitarla los trabajadores del INAH estaban terminando de sacar los escombros de su casa, y es que le arreglaron el techo, que antes era de lámina para cambiarlo por uno de hermosas vigas. Ella desde su lecho nos recibe emocionada. No son muchas las visitas que tiene. Celia nació en 1964 en Agua Caliente Nuevo León. A los pocos meses de nacida sufrió esta enfermedad y a la edad de dos años fue abandonada por su madre. Así nos cuenta: Recuerdo que ella pasaba a mi lado y no me hacía caso, hasta que terminó regalándome. Mis padres adoptivos sí que me dieron mucho cariño, me alimentaron, me dieron vestido y cuidaron de mí. Ellos se casaron en Catorce y tuvieron un hijo, mi hermano Agapito Nájera, quien ya murió. Mi mamá se llamaba doña Cuca y ella me tiró a la basura, con un pañal, no me quiso porque estaba enferma de mi pie. Me recogieron. Mi papá y algunos me reconocieron, pero yo nunca volví a ver a mi mamá. Ya no me quiso ella. Cuando era chiquita me tenían en un cajón de madera. Estaba bien flaca de a tiro. Y ahora aquí estoy. Yo ya los perdoné, nunca les deseo muchas maldiciones. Dicen que de grande me andaba buscando mi mamá pero yo ya no quise. ¡Cómo va a dejar a una niña chiquita así nomás! Nunca fui la escuela porque estaba mala de mi pie. Hago unas pocas letras. Me hicieron operaciones en las piernas y en la cabeza. Si yo estuviera buena ya me fuera a Monterrey para trabajar. La gente me da mis centavitos, salgo los domingos y sábados a ver que dios me da. Todo tengo, mucha gente me ayuda del pueblo. Muchos me ayudaron y apoyaron, me dan despensa, alimento y otras cosas. Estoy guardando un poco de dinerito para componerme mis dientes, pues hace mucho que no los compongo. Vivo sola, llego en la noche, cierro mi puerta del zaguán sola todo el día, toda la noche y toda la mañana. Catorce esta bonito, hay mucha gente, hay mucho movimiento en la calle, no me aburro. Todos me conocen. Tengo mi televisión y mi radio, nomás me falta la luz el foco. Uso veladoras pero ya me dijeron que van a venir a arreglarlo. Pues yo tengo un novio pero no es de aquí sino de Matehuala. El viene a verme pero ahí nomás se para y ya, nomás me saluda porque luego la gente va a decir que si estoy panzona. Hace poco vino un hombre y abusó de mi. Me lastimó aquí en el cuello. Me dejó morado, fui al doctor. Ese hombre es de Los Catorce, un borrachillo. El doctor hizo un papel de que era un abuso. No hice una denuncia, yo misma iba a denunciarlo pero no lo he visto y no se donde vive y donde lo voy a encontrar. Se aprovechan porque estoy sola y no vive nadie mas aquí. Cierro bien la puerta pero estoy bien y no tengo miedo. Yo me cocino, tengo una estufita chiquita. Ayer preparé una comida bien sabrosa con papas y blanquillos. He soñado estar buena de mi pie, me gustaría ponerme mas guapa, mi cabello mas largo, una ropita limpia veo a aquella gente y pienso yo esa gente es rica y tiene mucho, yo estoy pobre usted siquiera está casada y tiene a su esposo, a sus hijos. Mi tío se llama don Cecilio Valle. Es el dueño de la casa. Viene en Semana Santa con su familia y también en la fiesta de octubre. Este cuarto se llena de gente. Él me ayuda con unos centavitos. Para pagar el agua, la luz, todo. Me trae mi ropa, me trae cosas. Pa' que me quejo de nada, lo malo son los chismes. A veces la gente habla de mí, que si cómo me visto, que si salgo en la noche. No conozco Matehuala ni conozco Cedral; dicen que está bien bonito. No me he paseado más que a San Luis, la vez que me llevaron a cambiar mi aparato. Yo le diría a la gente que tiene todo que hay que seguirle a la lucha, hacer la batalla. Una vez me querían llevar a un asilo, pero ya no se arregló, ya no me llevaron. Sí me gustaría irme a un asilo, porque el día de mañana pues ésta no es mi casa y me quedo en la calle.

 

 

 


Celia mirando la televisión en la cama de su casa

 

 

 

 


La cocina

 

 

 

 


La entrada de su casa



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