DENTRO DEL BAÚL
UN LIBRO ROMÁNTICO
Por: Francisco de la Maza
Damos a conocer un libro de poesía, publicado en San Luis Potosí, hacia 1875, cuyo valor, más que literario, es tipográfico. Es tan raro que parece sólo existen en México dos ejemplares: el del licenciado Salvador Penilla quien estuvo en la "Primera Exposición Bibliográfica Potosina" presentada en 1949, en la Universidad Potosina y el del doctor Antonio de la Maza, en la misma ciudad.
Se llama el libro: Flores de la montaña, y fue su autor Gregorio de la Maza, nacido en el mineral de Real de Catorce, de San Luis Potosí. Fue hijo de don Santos de la Maza, fundador de la familia de ese apellido en México, a donde llegó en 1822. De él dijo don Trinidad García, Ministro de Hacienda de don Porfirio Díaz: "El nombre esclarecido del intrépido minero Santos de la Maza debe figurar dignamente al lado de los entendidos mineros José de la Borda y Pedro Romero de Terreros, que tanta celebridad alcanzaron en el siglo XVIII en México."
Gregorio de la Maza fue un criollo "hispanista" -porque los hay, "mexicanistas" o "indigenistas"- y por eso aclara en una página de su libro: "Hijo como soy de un amoroso padre nacido en la Península Ibérica, corre por mis venas sangre española... acostumbrado desde mi tierna infancia a vivir entre ellos, late en mi pecho un corazón que casi pertenece a aquella ilustre y noble tierra..." En efecto, fue llevado muy niño a Sevilla, en donde pasó su juventud, volviendo después a México, a Catorce, a mediados del siglo XIX. Sin embargo, en su testamento dejó un legado para que trajeran sus restos a México, ya que le tocó morir en España en otro viaje que hizo en 1880. Sus restos fueron traídos y sepultados en la parroquia del potosino mineral.
Por su hispanismo, los primeros poemas los dedica a José Zorrilla, a Juan Prim, "al heroico ejército español en la campaña de África".
El título del libro no es de extrañar: Flores de la montaña, pues fue escrito en Catorce de 1860 a 1868 y el mineral está en los más altos montes del norte del Estado de San Luis Potosí, siendo la ciudad más alta de la República.
La poesía de Gregorio de la Maza es romántica y... cursi. Más lo primero que lo segundo. No podían faltar, por ejemplo, versos como éstos:
En alas de mi suerte arrebatado,
mi mísera existencia se derrumba,
y de sufrir y padecer cansado,
sólo quiero el reposo de la tumba.
A veces echa fuera el gracejo y hace versos de sabor popular andaluz:
Su zombra siempre m'ampara
son la gloria y la suidá,
y al ver curriya tu cara
vergüenza por Dios me da.
Luz a mis zojos me najo
si de ti soy espresiao
¿no ves a tu pobre majo
que está aquí ezesperao?
Y un hálito irónico, muy propio también del romanticismo decadente, le aflora de vez en vez:
Ese joven elegante
que se muestra tan galante
y siempre se quiere ver
con el lujo en los paseos
y en amantes galanteos
¿sabéis qué quiere? Mujer.
Y con mayor logro y como una parodia a Lope de Vega, que parece no se ha ocurrido a otro, un día escribió:
Catorce versos hacen un soneto
y entiendo que al segundo ya he llegado,
en el tercero encuéntrome apurado
y el cuarto me pondrá en el gran aprieto
de buscar para el quinto algún objeto
que el sexto verso dejé terminado.
El séptimo me tiene atarantado,
pero hacer el octavo me prometo
para poder decir: he aquí el noveno
y seguir con el décimo al instante;
el onceno saldrá aun cuando no quiera,
el siguiente será el eco de un trueno;
trece versos ya son y no te espante
que ajuste los catorce a la carrera.
Su epitafio, románticamente falso, lo aderezó así:
El que está aquí sepultado
murió sin una peseta;
pobre, de deudas cargado...
no digas más... era poeta.
Pero decíamos que el valor del libro es más tipográfico que literario. En efecto, es una de las muestras de la bella imprenta del siglo pasado, de la magnífica editorial de Dávalos, de San Luis Potosí. Todas sus 276 páginas están orladas con adornos en los ángulos; los tipos de la mayúsculas varían gustosamente y la portada y el retrato son del egregio litógrafo José María Villasana.
La portada, con un marco de vegetales y basaltos, sin que falten el nopal y el maguey y los libros, representa una escena campestre, con una pareja en la que ella lee un libro. Luego viene el retrato de Gregorio de la Maza , fina y a la vez vigorosa imagen que buriló con todo acierto Villasana. Parece que el poeta posó ante el artista. Sus grandes ojos tiernos nos miran fijamente y una frente ancha y despejada en el delgado rostro nos aseguran la figura de De la Maza, en consonancia con su época y mejor que sus poemas.
Referencia bibliográfica: Francisco de la Maza, "Un libro romántico",
en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, México, IX, 36, 1967, 79-81.
DE LA REDACCIÓN: dentro de este texto, encontramos algunos errores que mencionamos a continuación.
* Don Santos de la Maza llegó a Real alrededor de 1835 y no en 1822.
* Gregorio de la Maza nunca regresó con vida a México y sus restos no fueron sepultados en la parroquia, sino en el panteón de Guadalupe, donde descansan junto a los de su madre doña Fernanda Gómez de la Puente.
* Debido al hecho de que Gregorio de la Maza se fue de México en 1865 el libro no fue escrito en Catorce de 1860 a 1868.